jueves, octubre 03, 2013

Erupción.

La bala entró exactamente por el miedo de la aorta. Se generó un agujero en el medio de su pecho por el cual salieron, como por turnos, sangre y sentimientos. Fue su Vesubio personal, pero el no sabía que su ser se volvería Pompeya. Nadie sabe cómo es morir en cuerpo pero mucho menos se plantea morir en alma. "No te quiero más" disparó sin piedad. El piso le tembló en el interior y después vino el silencio. ¿Cómo que no me querés más si ayer me amabas? Y se terminó todo y por un instante la negrura se apoderó de todo y la muerte momentánea fue una placentera claridad dentro de lo invisible, pero después vino el dolor. Despertó del lapsus de inconsciencia sabiendo que la bala no existía, pero el se sentía desangrado. Podía jurar que si miraba para abajo iba a ver su camisa manchada de rojo, tiñéndose cada vez más. Pero no quería ver como todo lo que sentía emanaba como si fueran las cenizas de un volcán. No había nada para hacer y mucho menos para decir, porque el derrumbe interno impedía todo. Impedía hasta pensar porque tampoco había nada en su cabeza. De repente estaba vacío y era un cascarón, algo que alguna vez fue pero que hoy no era nada. Tal vez si ella no hubiera disparado el podría haberse seguido engañando en el medio de la rutina y la costumbre, pero el dolor explotó en el interior al escuchar esas palabras que más que palabras fueron pólvora. Nunca se dijo a si mismo que estaba todo mal, porque saber y asumir que las cosas están mal era para valientes, y él no lo era.

martes, septiembre 17, 2013

La chica que moría todos los días.

Nada por acá. 
Nada por allá.
Se sienta y abre el cuaderno.
Escribe dos palabras:
"Me voy."
Cierra el cuaderno.
¿No es muy corta para ser una nota de suicidio?
Concisa, clara diría.
¿Para qué explicar cosas que nadie va a entender?
"Me mato porque..." 
¿Por qué?
No, no tiene ningún sentido.
Se levanta y camina un rato.
¿Cuánto puede ser un rato?
Llora un poco.
Sube la escalera.
Se para en la cornisa.
Cornisa es una palabra que hace que todo parezca un poco más poético.
La repite en la cabeza.
Cornisa, cornisa, cornisa.
Después de plantear la forma de morir parece un proceso burdo.
Se despidió de la música y de las fresias que estaban en la mesa de la cocina.
Es fácil despedirse de cosas que no lloran.
Se agarra de la pared y mira para abajo.
Siempre tuvo vértigo.
¿Cuanta gente camina por esa vereda todos los días?
Yo no sé, ¿vos?
Ve a los pajaritos pasar volando.
¡Qué día tan hermoso!
Las nubes tapan el sol y parece que va a llover.
Cierra los ojos y salta.
Siente el vértigo en la panza.
1 segundo cayendo.
¿Qué van a pensar Mamá y Papá?
¿Cuanto tiempo van a estar mal en el colegio?
Son como máximo 2 meses.
Después se van a ir olvidando.
Mamá y Papá no, pero van a poder vivir.
Los vecinos van a preguntar que pasó y ellos no van a saber que contestar.
Mejor.
2 segundos cayendo.
¿Hizo todo lo que tenía que hacer?
Nunca amó ni la amaron de verdad.
¿Es tan grande el amor?
3 segundos.
¿Quién va a afinar la guitarra?
¿Quién va a abrazar a sus amigos a la mañana?
¿Quién va a leer todos los libros que quedaron en el escritorio?
¿Quién va a besar al chico que le gusta en su lugar?
Espera que le den un buen uso.
4 segundos.
El piso no tiene que estar muy lejos.
Suspira con una mezcla de tristeza y felicidad.
Ya se termina.
Un golpe seco y listo.
Chau, me voy.
Abre los ojos.
Mira el cuaderno.
Sigue sentada en la cama.
El día es normal, la estufa sigue prendida.
Mira el cuaderno.
438 veces escribió la misma frase.
"Me voy."
Nunca se va.

sábado, agosto 24, 2013

No tengo muchas ganas de moverme, ni de hablar con nadie. Menos de salir de mi casa.
Probablemente tampoco tenga muchas ganas de vivir.
Sigo escuchando música porque es lo único que puedo amar completo.
Capaz que es la rutina, estoy acostumbrada a estar mal. O capaz que es que me sigo mintiendo diciendo que quiero estar sola. Ya no sé por qué sigo acá.

miércoles, agosto 14, 2013

Hoy.

 Hoy estaba sentada en el colectivo. Leía "Veronika decide morir", a pesar de mi odio hacia Coelho, mientras escuchaba música bajito con los auriculares. Levantaba la vista muy pocas veces para mirar por la ventana y no perderme, no estoy tan acostumbrada a ir a Capital como para relajarme totalmente en el viaje. Saqué los ojos del libro una vez. Dos. Tres. A la cuarta vez, lo ví. Me miraba desde un asiento que estaba enfrentado al mio pero en el lado opuesto del vehículo  Sonrió cuando lo miré y yo sonreí también. Creo que habremos hecho eso unas 23 veces en el trayecto de dos horas que me lleva hasta Almagro. Me paré a tocar timbre y dos cuadras después me bajé, sintiendo su mirada en la nuca. Mientras caminaba vi como me miraba desde su ventana y me sonrojé una vez más. 
 Las dos cuadras que tengo que caminar rutinariamente desde la parada hasta el consultorio de la psicóloga cada miércoles fueron tan normales como siempre. El mundo seguía igual a pesar de las simples miradas cruzadas con el chico del colectivo. Los pájaros volaban en la misma dirección  los taxistas tocaban bocina con persistencia como pasa siempre en Avenida Corrientes y las ancianas agarradas del brazo cruzaban la calle con la misma lentitud con la que lo hacen a diario. El chico del colectivo se iba a bajar en su parada habitual y iba a seguir su día con normalidad, tal vez iba a ver a su novia o a sus amigos, su mundo seguiría rotando en el mismo sentido. Pero el mio no. 
 No voy a hablar de ningún tipo de enamoramiento instantáneo  no fue eso lo que viví hoy. En realidad, el cambio pasó adentro mio. Para ese chico cruzar miradas con una extraña debería ser algo normal, pero para mi no. Los chicos no me miraban en la calle hasta hace 2 o 3 semanas. Probablemente si me hubiera pasado algo así, habría pensado automáticamente que estaba mirando a alguien más. Hoy, ese chico que me miró más de una vez a mi, que me dedicó una sonrisa, me hizo sentir que alguien más me ve, que alguien más hasta me puede considerar linda. Gracias a él, cuando bajé del colectivo, vi mi reflejo en el vidrio de la puerta de un edificio y por primera vez en, que se yo, toda una vida, me gustó lo que vi. Hoy no me siento más invisible, hoy no me siento más chiquita y si esto va a durar solo un día me alcanza porque me da ganas de seguir luchando por quererme y porque no sea un milagro para mi autoestima un cruce de miradas en un colectivo.

miércoles, agosto 07, 2013

Lo que dejaste cuando te fuiste.

 Vengo de reírme sola, de cantar. A veces me caigo y a veces corro y no sé. Si me preguntas si te sigo queriendo hoy ya no sé. En algún momento después de que te fuiste aprendí a seguir sola y ya no me importa si venís o si te vas. Pero no te odio eh, no. Ni siquiera eso, o capaz que sí, pero no lo siento en el pecho como al principio. No me voy a venir a hacer la superada con eso de que no siento nada, pero sos una marquita, un mes del calendario que ya pasó, la hoja arrancada del cuaderno, el frasco vacío de mermelada. No me importa tampoco si sos feliz o no, supongo que si no existe el destino las cosas las vas a manejar como quieras y te vas a dar la cabeza contra la pared un par de veces como también hago yo. 
 Hoy te escribo para contarte que no soy feliz pero puedo serlo. Que ya no sos el estorbo ni la pared. Pero sobre todo quiero agradecerte por haberme enseñado tantas cosas que no me alcanzan los dedos de la mano. La percha vacía en el placard la tengo de recuerdo. Lo que dejaste cuando te fuiste quedó en ese lugar pero ya no molesta. La vida siguió sin vos y yo también, las marcas de la taza de café no están más y los ojos rojos hinchados de llorar no son tan frecuentes, por lo menos no por vos. La música sigue acá, la guitarra también, todo lo bueno siguió sin vos, todo lo que yo, como una idiota, pensaba que se iba a ir cuando te fueras. Ya no me importa tu perfume ni tu programa favorito antes de dormir. Ya no quiero saber adonde trabajás o quien te besa antes de cenar, porque yo seguí y si hoy no soy feliz, es por mi, ya nunca más por vos.

viernes, marzo 01, 2013

Siempre hay algo que estás haciendo mal porque por algo seguís igual.  O capaz que es algo que no estás haciendo, o el estar haciendo nada, también  Y capaz que los amigos tienen razón y te quejas mucho y por eso estas así  Te sentís igual de mierda, igual de nada, igual de vacía que hace un año, que hace dos, que hace cinco. Y gritas y llenas el vacío con música y con comida y con amigos y parece que nunca alcanza porque sin embargo te sentás a llorar todos los días en la ducha esperando un milagro o una sonrisa espontánea o un brote de felicidad, de la pura. Porque todo eso era solo una muestra gratis entregada en un subte, "Probá gratis la felicidad" pero andá a comprarla después  Y que si no se compra? De alguna forma si y de alguna forma siempre faltan cinco para el peso. Y no la conocés a la felicidad total, o es como un gusto olvidado, como el helado que comiste el 23 de abril de el 2005, que es un recuerdo, una foto de un helado con un gusto que no recordás y así se siente vivir a mi modo, recordando la felicidad que ya no está y tirando para adelante igual pero llegando destrozada y infeliz, porque te tirás abajo. Porque te ahogás en tu propio pozo de caprichos y tristeza y te buscás sola los problemas Julieta, te los buscás y los encontrás y sufrís como loca porque estas loca y porque hay una especie de nudo gigante en el medio de tu pecho que no podes desatar porque en realidad es una simple sensación.  Solo queda un vacío ahí, un nudo que no está pero que vos buscás igual.