sábado, agosto 24, 2013

No tengo muchas ganas de moverme, ni de hablar con nadie. Menos de salir de mi casa.
Probablemente tampoco tenga muchas ganas de vivir.
Sigo escuchando música porque es lo único que puedo amar completo.
Capaz que es la rutina, estoy acostumbrada a estar mal. O capaz que es que me sigo mintiendo diciendo que quiero estar sola. Ya no sé por qué sigo acá.

miércoles, agosto 14, 2013

Hoy.

 Hoy estaba sentada en el colectivo. Leía "Veronika decide morir", a pesar de mi odio hacia Coelho, mientras escuchaba música bajito con los auriculares. Levantaba la vista muy pocas veces para mirar por la ventana y no perderme, no estoy tan acostumbrada a ir a Capital como para relajarme totalmente en el viaje. Saqué los ojos del libro una vez. Dos. Tres. A la cuarta vez, lo ví. Me miraba desde un asiento que estaba enfrentado al mio pero en el lado opuesto del vehículo  Sonrió cuando lo miré y yo sonreí también. Creo que habremos hecho eso unas 23 veces en el trayecto de dos horas que me lleva hasta Almagro. Me paré a tocar timbre y dos cuadras después me bajé, sintiendo su mirada en la nuca. Mientras caminaba vi como me miraba desde su ventana y me sonrojé una vez más. 
 Las dos cuadras que tengo que caminar rutinariamente desde la parada hasta el consultorio de la psicóloga cada miércoles fueron tan normales como siempre. El mundo seguía igual a pesar de las simples miradas cruzadas con el chico del colectivo. Los pájaros volaban en la misma dirección  los taxistas tocaban bocina con persistencia como pasa siempre en Avenida Corrientes y las ancianas agarradas del brazo cruzaban la calle con la misma lentitud con la que lo hacen a diario. El chico del colectivo se iba a bajar en su parada habitual y iba a seguir su día con normalidad, tal vez iba a ver a su novia o a sus amigos, su mundo seguiría rotando en el mismo sentido. Pero el mio no. 
 No voy a hablar de ningún tipo de enamoramiento instantáneo  no fue eso lo que viví hoy. En realidad, el cambio pasó adentro mio. Para ese chico cruzar miradas con una extraña debería ser algo normal, pero para mi no. Los chicos no me miraban en la calle hasta hace 2 o 3 semanas. Probablemente si me hubiera pasado algo así, habría pensado automáticamente que estaba mirando a alguien más. Hoy, ese chico que me miró más de una vez a mi, que me dedicó una sonrisa, me hizo sentir que alguien más me ve, que alguien más hasta me puede considerar linda. Gracias a él, cuando bajé del colectivo, vi mi reflejo en el vidrio de la puerta de un edificio y por primera vez en, que se yo, toda una vida, me gustó lo que vi. Hoy no me siento más invisible, hoy no me siento más chiquita y si esto va a durar solo un día me alcanza porque me da ganas de seguir luchando por quererme y porque no sea un milagro para mi autoestima un cruce de miradas en un colectivo.

miércoles, agosto 07, 2013

Lo que dejaste cuando te fuiste.

 Vengo de reírme sola, de cantar. A veces me caigo y a veces corro y no sé. Si me preguntas si te sigo queriendo hoy ya no sé. En algún momento después de que te fuiste aprendí a seguir sola y ya no me importa si venís o si te vas. Pero no te odio eh, no. Ni siquiera eso, o capaz que sí, pero no lo siento en el pecho como al principio. No me voy a venir a hacer la superada con eso de que no siento nada, pero sos una marquita, un mes del calendario que ya pasó, la hoja arrancada del cuaderno, el frasco vacío de mermelada. No me importa tampoco si sos feliz o no, supongo que si no existe el destino las cosas las vas a manejar como quieras y te vas a dar la cabeza contra la pared un par de veces como también hago yo. 
 Hoy te escribo para contarte que no soy feliz pero puedo serlo. Que ya no sos el estorbo ni la pared. Pero sobre todo quiero agradecerte por haberme enseñado tantas cosas que no me alcanzan los dedos de la mano. La percha vacía en el placard la tengo de recuerdo. Lo que dejaste cuando te fuiste quedó en ese lugar pero ya no molesta. La vida siguió sin vos y yo también, las marcas de la taza de café no están más y los ojos rojos hinchados de llorar no son tan frecuentes, por lo menos no por vos. La música sigue acá, la guitarra también, todo lo bueno siguió sin vos, todo lo que yo, como una idiota, pensaba que se iba a ir cuando te fueras. Ya no me importa tu perfume ni tu programa favorito antes de dormir. Ya no quiero saber adonde trabajás o quien te besa antes de cenar, porque yo seguí y si hoy no soy feliz, es por mi, ya nunca más por vos.