miércoles, agosto 07, 2013

Lo que dejaste cuando te fuiste.

 Vengo de reírme sola, de cantar. A veces me caigo y a veces corro y no sé. Si me preguntas si te sigo queriendo hoy ya no sé. En algún momento después de que te fuiste aprendí a seguir sola y ya no me importa si venís o si te vas. Pero no te odio eh, no. Ni siquiera eso, o capaz que sí, pero no lo siento en el pecho como al principio. No me voy a venir a hacer la superada con eso de que no siento nada, pero sos una marquita, un mes del calendario que ya pasó, la hoja arrancada del cuaderno, el frasco vacío de mermelada. No me importa tampoco si sos feliz o no, supongo que si no existe el destino las cosas las vas a manejar como quieras y te vas a dar la cabeza contra la pared un par de veces como también hago yo. 
 Hoy te escribo para contarte que no soy feliz pero puedo serlo. Que ya no sos el estorbo ni la pared. Pero sobre todo quiero agradecerte por haberme enseñado tantas cosas que no me alcanzan los dedos de la mano. La percha vacía en el placard la tengo de recuerdo. Lo que dejaste cuando te fuiste quedó en ese lugar pero ya no molesta. La vida siguió sin vos y yo también, las marcas de la taza de café no están más y los ojos rojos hinchados de llorar no son tan frecuentes, por lo menos no por vos. La música sigue acá, la guitarra también, todo lo bueno siguió sin vos, todo lo que yo, como una idiota, pensaba que se iba a ir cuando te fueras. Ya no me importa tu perfume ni tu programa favorito antes de dormir. Ya no quiero saber adonde trabajás o quien te besa antes de cenar, porque yo seguí y si hoy no soy feliz, es por mi, ya nunca más por vos.

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