jueves, octubre 03, 2013

Erupción.

La bala entró exactamente por el miedo de la aorta. Se generó un agujero en el medio de su pecho por el cual salieron, como por turnos, sangre y sentimientos. Fue su Vesubio personal, pero el no sabía que su ser se volvería Pompeya. Nadie sabe cómo es morir en cuerpo pero mucho menos se plantea morir en alma. "No te quiero más" disparó sin piedad. El piso le tembló en el interior y después vino el silencio. ¿Cómo que no me querés más si ayer me amabas? Y se terminó todo y por un instante la negrura se apoderó de todo y la muerte momentánea fue una placentera claridad dentro de lo invisible, pero después vino el dolor. Despertó del lapsus de inconsciencia sabiendo que la bala no existía, pero el se sentía desangrado. Podía jurar que si miraba para abajo iba a ver su camisa manchada de rojo, tiñéndose cada vez más. Pero no quería ver como todo lo que sentía emanaba como si fueran las cenizas de un volcán. No había nada para hacer y mucho menos para decir, porque el derrumbe interno impedía todo. Impedía hasta pensar porque tampoco había nada en su cabeza. De repente estaba vacío y era un cascarón, algo que alguna vez fue pero que hoy no era nada. Tal vez si ella no hubiera disparado el podría haberse seguido engañando en el medio de la rutina y la costumbre, pero el dolor explotó en el interior al escuchar esas palabras que más que palabras fueron pólvora. Nunca se dijo a si mismo que estaba todo mal, porque saber y asumir que las cosas están mal era para valientes, y él no lo era.

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